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Se acerca Halloween y seguramente en muchas empresas ya empezó la misma conversación de todos los años: ¿qué vamos a hacer esta vez? Concurso de disfraces, decoración de las oficinas, dulces, una fiesta… Todas pueden ser buenas ideas. El problema aparece cuando hacemos una actividad simplemente porque está en el calendario y sentimos que “hay que hacer algo”.
Desde Recursos Humanos, Comunicación Interna o Cultura tenemos una oportunidad mucho más interesante: usar estos momentos para conectar a las personas, fortalecer relaciones y hacer que la cultura se viva de verdad. Ahí es donde el endomarketing empieza a tener sentido.
Porque no se trata solamente de organizar actividades bonitas. Se trata de pensar qué queremos provocar con ellas. Antes de preguntarnos qué vamos a hacer este Halloween, podríamos hacernos una pregunta diferente: ¿qué queremos que vivan nuestros colaboradores?
¿Queremos que personas de diferentes áreas se conozcan? ¿Que trabajen juntas? ¿Que reconozcan a otros? ¿Que involucren a sus familias? ¿Que se diviertan y salgan por un momento de la rutina? ¿Que se sientan parte de algo?
Cuando empezamos por ahí, Halloween deja de ser simplemente una celebración y se convierte en una oportunidad para trabajar endomarketing, cultura, engagement, experiencia del colaborador y marca empleadora. Y no necesariamente necesitamos un presupuesto enorme. Necesitamos una buena idea y, sobre todo, tener claro para qué la estamos haciendo.

Hay muchas posibilidades para celebrar Halloween en una empresa: concursos por equipos, intervenciones de los espacios de trabajo, actividades con las familias, escape rooms, voluntariado, reconocimientos, experiencias para equipos híbridos o pequeños retos para generar conversaciones.
Pero antes de escoger una actividad, vale la pena cambiar el orden de las preguntas. No empecemos pensando qué vamos a hacer; empecemos pensando qué queremos lograr.
Si queremos colaboración, diseñemos algo que invite a colaborar. Si queremos integración, mezclemos personas que normalmente no trabajan juntas. Si queremos reconocimiento, hagamos visibles esos pequeños comportamientos que construyen cultura todos los días. Y si queremos engagement, pensemos primero qué experiencia vale realmente la pena vivir.
Con esto en mente, aquí van 10 ideas para celebrar Halloween en la empresa y convertir una fecha del calendario en una oportunidad para conectar.
El típico concurso de disfraces funciona, pero podemos darle una vuelta. En lugar de premiar únicamente el mejor disfraz individual, hagamos que los equipos tengan que construir un concepto juntos: pensar una historia, ponerse de acuerdo, distribuir tareas y crear algo entre todos.
Ahí cambia completamente la experiencia. Ya no estamos premiando solamente a quien llegó con el disfraz más elaborado, sino creando una pequeña dinámica de creatividad, colaboración y trabajo en equipo.
Y probablemente pase algo todavía más interesante: personas que normalmente solo hablan de pendientes, reuniones y entregables terminan conversando, creando y riéndose juntas. A veces, esas pequeñas interacciones también ayudan a construir sentido de pertenencia.
Otra posibilidad es invitar a cada área a transformar su espacio de trabajo y después organizar un recorrido para conocer lo que hicieron los demás. Es sencillo, visual y permite involucrar a muchas personas.
Pero cuidado con convertirlo únicamente en una competencia por quién hizo la decoración más espectacular. La verdadera oportunidad puede estar en lo que ocurre durante el recorrido.
¿Qué pasa si para votar tenemos que visitar otras áreas? ¿Si cada equipo debe contar la historia detrás de su espacio? ¿Si durante el recorrido mezclamos personas que normalmente no trabajan juntas?
De repente, decorar una oficina se convierte en una excusa para circular, conversar, conocer otros equipos y romper algunos de esos silos que aparecen naturalmente en las organizaciones. Eso también es cultura.
Hay algo muy poderoso cuando nuestra familia conoce el lugar donde trabajamos. Especialmente para los niños. Ver dónde trabaja mamá, papá, la pareja o alguien cercano hace que ese mundo que escuchan mencionar todos los días deje de ser algo abstracto.
Podemos organizar una tarde sencilla con estaciones, cuentos, juegos, disfraces o pequeños talleres. No tiene que ser una gran producción para convertirse en una experiencia significativa.
Aquí aparece además una dimensión que a veces olvidamos cuando hablamos de marca empleadora: la experiencia que una persona tiene con una empresa no termina necesariamente en ella. También la viven, de alguna manera, las personas que hacen parte de su vida.
Cuando las incluimos estamos comunicando algo importante: entendemos que detrás del colaborador hay una persona y que detrás de esa persona existen relaciones, afectos y una vida que también importa.
Un escape room puede ser presencial, virtual o híbrido. Podemos formar equipos con personas de diferentes áreas y ponerles un reto que tengan que resolver juntos.
Seguramente se van a divertir, pero mientras juegan también van a ocurrir cosas interesantes. Alguien tomará el liderazgo, otro encontrará información que los demás no habían visto, alguien organizará las ideas y probablemente habrá una persona que mantenga al equipo tranquilo cuando queden dos minutos y todavía falten tres pistas.
Ahí está la oportunidad. Después del juego podemos conversar sobre lo que pasó: ¿cómo nos organizamos?, ¿nos escuchamos?, ¿cómo tomamos decisiones?, ¿qué hicimos cuando algo no funcionó?
Una actividad recreativa puede convertirse así en una pequeña experiencia de aprendizaje sobre comunicación, colaboración y resolución de problemas.
¿Qué tal si una parte de Halloween sale de la oficina? Podemos organizar una colecta, apoyar una fundación, desarrollar una jornada de voluntariado o realizar alguna actividad con una comunidad cercana.
La clave está en que tenga sentido para nuestra cultura y no se convierta simplemente en una actividad para tomarnos una foto y publicarla en las redes sociales.
Cuando conectamos una celebración con un propósito, la experiencia cambia. Pasamos de pensar “la empresa organizó algo de Halloween” a sentir “hicimos algo juntos que tuvo un impacto en alguien más”.
Y esa diferencia importa, porque el propósito se vuelve mucho más poderoso cuando deja de ser una frase corporativa y se convierte en algo que las personas pueden experimentar.
Todos tenemos alguna: esa presentación que no abrió, el correo que salió para quien no era, la reunión eterna que pudo ser un mensaje, la cámara que se encendió cuando no debía o el archivo que misteriosamente desapareció cinco minutos antes de presentárselo al cliente.
¿Por qué no convertir esas historias en una dinámica? Siempre, por supuesto, desde el respeto y evitando señalar o ridiculizar a alguien.
Además de divertirnos, podemos conseguir algo mucho más valioso: normalizar que nos equivocamos y que podemos aprender de lo que salió mal.
Las culturas donde nadie puede reconocer un error terminan incentivando que las personas los escondan. Las culturas donde podemos hablar de ellos tienen más posibilidades de aprender. Tal vez algunas historias de terror del pasado puedan ayudarnos a construir mejores historias hacia adelante.
No todo reconocimiento tiene que venir acompañado de una placa, un bono o una ceremonia. A veces simplemente necesitamos decir: “Gracias. Me di cuenta”.
Podemos aprovechar Halloween para reconocer a quien siempre ayuda, a quien encuentra soluciones, a quien conecta personas, a quien comparte lo que sabe, a quien hace sentir bienvenido al nuevo o incluso a esa persona que mantiene la calma cuando todo parece incendiarse.
Lo interesante es que estos reconocimientos también pueden conectarse con los valores y comportamientos que queremos fortalecer como organización. Porque aquello que reconocemos también comunica qué consideramos importante.
Por eso reconocer no es solamente felicitar. Cuando lo hacemos de manera coherente y frecuente, también estamos ayudando a construir cultura.
Aquí tenemos un reto. A veces hacemos una gran celebración en la oficina y para quienes están conectados remotamente organizamos una trivia de 20 minutos. Después decimos que la actividad fue híbrida.
Pero vale la pena hacernos una pregunta: ¿la persona que está en casa realmente está participando o simplemente está viendo cómo los demás participan?
Podemos crear retos fotográficos, misiones digitales, votaciones, encuentros cortos entre personas presenciales y remotas, experiencias enviadas a casa o dinámicas que ocurran simultáneamente. La idea es diseñar desde el comienzo pensando en ambos públicos y no adaptar al final una actividad presencial para quienes están lejos.
La distancia no debería convertirse en una razón para sentirse menos parte del equipo, especialmente cuando hablamos de cultura, inclusión y experiencia del colaborador.
Esta idea me gusta porque es muy sencilla. Cada persona recomienda una canción, pero agregamos una pregunta: ¿por qué elegiste esa canción?
Ahí empiezan a aparecer historias. Alguien dirá que le recuerda a su papá; otra persona, que fue la canción de su matrimonio; alguien la escuchará siempre que necesita concentrarse y otro simplemente dirá que lo pone de buen humor.
De repente descubrimos cosas de personas con las que llevamos meses o años trabajando y que nunca habíamos conocido. Y eso también genera conexión.
No todas las actividades de cultura necesitan una gran producción o un presupuesto enorme. A veces solo necesitamos una buena pregunta que nos permita descubrir al otro.
Los kits funcionan: dulces, algún detalle, una tarjeta. Perfecto. Pero podemos conseguir que la experiencia no termine cuando abrimos la caja.
Podemos incluir pequeñas preguntas o retos: buscar a alguien de otra área y preguntarle qué es lo que más disfruta de su trabajo; reconocer a alguien que nos haya ayudado durante el último mes; conversar con una persona con la que casi nunca hablamos; o preguntarle a alguien qué ha aprendido recientemente.
Entonces el regalo deja de ser el protagonista. El protagonista pasa a ser lo que ocurre entre las personas gracias al regalo.
Y ahí está buena parte de la magia del endomarketing: no pensar únicamente en las piezas, los regalos o las actividades, sino en los comportamientos y las conversaciones que podemos activar a partir de ellos.

Creo que este es el punto más importante. En las organizaciones invertimos mucho tiempo y recursos pensando en actividades para el Día de la Mujer, Día de la Madre, Amor y Amistad, Halloween, Navidad, aniversarios y muchas otras fechas. Y está bien celebrarlas.
El problema aparece cuando nuestro calendario de cultura termina convertido simplemente en un calendario de fechas especiales.
La cultura necesita algo más.
Por eso, antes de organizar nuestra próxima actividad, vale la pena preguntarnos: ¿qué queremos que las personas sientan?, ¿qué comportamiento queremos activar?, ¿qué queremos que ocurra entre ellas? y, sobre todo, ¿qué debería quedar después de que termine la actividad?
Si tenemos claras esas respuestas, probablemente estamos pasando de organizar eventos a diseñar experiencias de endomarketing con intención.
No solamente contando cuántas personas asistieron. Y tampoco por el número de fotografías que logramos publicar.
Podemos observar cuántas personas participaron voluntariamente, si interactuaron colaboradores de diferentes áreas, si quienes trabajan remotamente lograron sentirse incluidos, si aparecieron nuevos reconocimientos o conversaciones y si las personas volverían a participar en una experiencia similar.
Incluso podemos hacer una pregunta muy sencilla al terminar: “¿Esta experiencia te permitió conectar con personas con las que normalmente no interactúas?”
La respuesta puede decirnos mucho más que el número de asistentes. Porque quizás la pregunta no sea cuántas personas estuvieron, sino qué pasó entre las personas que estuvieron.
Mucho.
Hablamos constantemente de employer branding, EVP, engagement, endomarketing y experiencia del colaborador como si fueran conceptos independientes, pero en la vida real están completamente conectados.
Una empresa puede decir en LinkedIn que tiene una cultura increíble. Puede tener una EVP perfectamente redactada y una campaña maravillosa de atracción de talento. Pero al final existe una pregunta mucho más sencilla: ¿eso que estamos prometiendo afuera se vive realmente adentro?
Ahí está la verdadera conexión. La cultura es lo que vivimos; el endomarketing nos ayuda a convertirla en experiencias, conversaciones y comportamientos; el engagement habla del vínculo que construimos con las personas; y la marca empleadora termina proyectando hacia afuera buena parte de lo que realmente ocurre adentro.
Por eso Halloween puede parecer solamente una fecha divertida, pero bien pensado puede convertirse en algo más: una excusa para conversar, reconocer, descubrir al otro, trabajar juntos, romper un silo, acercar a las familias y recordar que detrás de cada cargo, cada correo y cada reunión hay personas.
Quizás ahí esté la mejor idea para este Halloween: no pensemos solamente qué actividad vamos a hacer. Pensemos qué experiencia queremos que las personas recuerden.

Podemos organizar concursos por equipos, intervenciones de espacios, escape rooms, experiencias con las familias, voluntariado, reconocimientos, trivias, playlists o retos de conversación. Lo importante es no escoger la actividad solamente porque parece divertida, sino relacionarla con el objetivo que queremos lograr con las personas y la cultura.
No necesitamos necesariamente una gran fiesta. Podemos combinar ambientación, actividades colaborativas y pequeños momentos que permitan que personas de diferentes equipos interactúen. Primero definamos qué queremos provocar y después diseñemos la experiencia.
Podemos desarrollar retos digitales, votaciones, encuentros entre equipos, kits enviados a casa o experiencias simultáneas. El objetivo debería ser que quienes trabajan remotamente puedan participar realmente y no simplemente observar lo que ocurre presencialmente.
Todo depende de cómo lo diseñemos. Si simplemente entregamos dulces, tenemos una celebración. Si utilizamos esa celebración intencionalmente para generar reconocimiento, integración, participación o determinados comportamientos, empezamos a convertirla en una herramienta de endomarketing.
Además de la asistencia, podemos observar la participación voluntaria, la interacción entre áreas, la inclusión de personas remotas, la satisfacción con la experiencia, los reconocimientos generados y la percepción de conexión con otros compañeros.
Esta puede ser la pregunta más importante de todas.
Cuando quitemos las decoraciones, guardemos los disfraces y volvamos a la rutina, ¿qué queremos que haya quedado en las personas?
Una conversación que antes no existía. Un nuevo vínculo. Un reconocimiento. Una historia para contar. Una persona de otra área a la que ahora conocemos un poco mejor. Una sensación de pertenencia.
Esa debería ser nuestra verdadera medida de éxito.
En Imaginario llevamos 20 años ayudando a las organizaciones a conectar comunicación, cultura y personas. Diseñamos estrategias de endomarketing, cultura, experiencia del colaborador, engagement y marca empleadora que buscan algo más que comunicar o llenar un calendario de actividades.
Buscamos crear experiencias capaces de mover comportamientos y fortalecer la relación entre las personas y las organizaciones.
Porque una actividad puede durar unas horas. Una buena experiencia puede quedarse mucho más tiempo.
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